Ahora la moda es echarle la culpa a los bancos y prestamistas de hipotecas por la situación que vive la industria hipotecaria del mercado “subprime”.
Aunque tengo mis reservas sobre la utilidad de estos préstamos para las finanzas personales de muchas familias, no podemos cegarnos en una cacería de brujas. Aquí el verdadero culpable es la imprudencia financiera de muchos.
Me explico:
El pasado 7 de febrero se hicieron unas vistas en el Comité de Banca y Finanzas del Senado Federal para discutir las prácticas predatorias de instituciones financieras especializadas en otorgar prestamos a personas catalogadas como alto riesgo de cumplir su responsabilidad de pago. Aquí le llaman préstamos “subprime”. Por consiguiente, el costo de estos prestamos (= interés) es mucho mayor que en el mercado promedio.
Debido al incremento en el número de personas que han fallado en sus obligaciones y de muchas otras que han perdido sus propiedades, el Comité partió de la premisa que la culpa de estos eventos -dolorosos para muchas familias- la tienen los prestamistas de hipotecas por prestarle a aquellos que no pueden pagar.
Pero como en la vida misma, en esto abunda la ironía.
Antes la moda era aplaudir a la industria bancaria y de hipotecas por su creatividad, al permitirle a millones de personas tener la oportunidad de comprar propiedades. De tener una segunda casa, por ejemplo. Incluso por darle a ellos la oportunidad de endeudarse más porque querían consumir más. Los aplaudieron por permitirle a las familias sacar línea de crédito, pedir préstamos e incluso convertir el patrimonio de la casa en un cajero automático.
Claro, así somos. Cuando nos va bien, nadie es culpable. Pero cuando nos va mal, la culpa es del otro.
Pero, ¿y nuestra responsabilidad como consumidores? ¿Acaso nos obligaron a comprar la casa que no podíamos? ¿Tomamos el tiempo para estudiar si esa transacción era lo mas conveniente para nuestra situación financiera? ¿Le dijimos a nuestra avaricia que aguantara un poco y dejamos a la prudencia tomar partido en la toma de decisiones?
Nada de eso.
Somos muy cortos de memoria. Muchos gozaron del crecimiento en la industria de bienes raíces e hipotecas de los últimos años. El flujo de crédito y la tasa de interés durante el periodo 2001-2003 permitieron a millones de familias adquirir propiedades para vivir y especular.
De igual manera, la creatividad de la industria bancaria para incentivar el consumo de préstamos creó nuevos productos hipotecarios que contribuyeron en la explosión del ramo de la construcción y benefició a la banca, a las compañías constructoras, a Wall Street, a los gobiernos locales, a las familias y a la economía en general.
Millones de familias tuvieron acceso a créditos -que no habían tenido antes- para poder comprar su casa. Millones de familias e inversionistas aprovecharon el crédito fácil y compraron segundas casas para invertir, apostando que los precios subirían eternamente.
Como la economía estaba en alza y los intereses se mantenían bajos, muchos se montaron al tren buscando la bonanza en bienes raíces.
Tomemos el ejemplo de la ciudad de Naples en Florida. En el 2005, pasó de ser una ciudad tranquila para retirados a uno de los mercados más calientes del país. La media en el precio se elevó a más del doble entre el periodo del 2000 y el 2005, y llegó a $482,400. Ahora el precio de las mismas propiedades puede estar hasta 40% menos que el precio pagado.
¿Quién llevó el precio hacia esos niveles? Los economistas argumentan que inversionistas individuales llevaron el precio a estas excesivas alturas, aunado a la facilidad de préstamos y el exceso en la construcción generado por la demanda.
Entonces, volviendo a la pregunta principal: ¿de quién es la culpa? Si fuéramos a poner dedos, hay muchos que estarían en la banca de los acusados:
Los consumidores por endeudarse más de lo que podían; comprar más casas de la que podían afrontar; no leer lo que firmaban; no buscar abogados para que revisaran sus contratos; inflar sus ingresos y no asumir sus responsabilidades como consumidores. En fin, por perseguir el sueño americano de ser dueño de una propiedad y tener más riqueza.
Los inversionistas individuales por sus excesos: crear fondos de inversión fraudulentos; tomar prestado sin analizar el mercado donde invertían y ayudar a inflar los precios.
Los Agentes de Bienes Raíces y vendedores de hipotecas por decir una cosa y luego no explicar lo que dice el papel, por inflar ingresos y manipular la información en las aplicaciones. Por vender.
Las asociaciones sin fines de lucro por no educar a los consumidores que en la compra también se adquiere la responsabilidad. Por incentivar el sueño americano.
Los bancos de hipotecas y sus empleados por no tener mejores controles en la aprobación de las aplicaciones. Los empleados de la banca por recibir sueldos provenientes de la venta de hipotecas.
Los constructores de viviendas y sus trabajadores por construir más casas de las necesarias, creando así un exceso en el mercado. Los empleados de la construcción por ayudar a construir más casas de las necesarias y recibir dinero por eso.
La Reserva Central, Alan Greenspan, Ben Bernanke y todos los participantes del sistema de la reserva federal por imprimir más dinero en la economía y mantener bajo los niveles de la tasa de interés por mucho tiempo.
Los fondos de inversión, pensiones, fondos de riesgo e inversionistas internacionales por respaldar los préstamos riesgosos al “securitize” en bonos y permitir el flujo de más dinero que el disponible, alentando de este modo el desarrollo de la economía norteamericana.
Los fondos mutuales y millones de inversionistas individuales que -a través de sus planes de retiro- invirtieron en compañías de hipotecas, banca y construcción en la búsqueda de ganancias. Los inversionistas extranjeros por sacar beneficio de los intereses bajos en el país.
Los medios por incentivar la compra de viviendas.
Osama Bin Laden y compañía; su ataque en medio de una recesión económica obligó al gobierno a inyectar dinero a la economía para amortiguar cualquier flujo negativo de liquidez.
El gobierno federal, estatal y local por los miles de millones de dólares en impuestos recibidos en concepto de propiedad, consumo, ventas, ingreso y empleos creados en sus respectivos espacios geográficos. Los empleados gubernamentales que se beneficiaron por el dinero generado por la industria.
Como puedes ver, son muchos los culpables que deberían estar en el comité del Senado hablando sobre nuestros excesos y los beneficios que generamos por el exceso.
¿Hay espacio para tanta gente?
Al final tú decides.
Por Xavier Serbia
fuente:
espanol.pfinance.yahoo.com
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20 febrero 2007
¿De quién es la culpa?
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