Opinión
Manuel Bengolea
socio de Fit Research
En marzo de 2000 el NASDAQ alcanzó un nivel récord de 5.048 puntos y, con el auge de las megafusiones y las "puntocom", muchos de los expertos de Wall Street pronosticaban que a fines de ese mismo año llegaría a 6.000. Otros más cautos (entre ellos, Alan Greenspan) advertían los síntomas de una "exuberancia irracional" que había llevado a valorizaciones exageradas. Lo que pasó después es que reventó la burbuja: Diecinueve meses más tarde el NASDAQ había caído a 1.114 puntos, y aún hoy no llega a 2.500.
En la bolsa chilena está sucediendo algo muy parecido: las valorizaciones están caras, tanto en términos relativos (al compararlas con mercados similares) como en términos absolutos (calculando el valor presente de los flujos). ¿Y por qué puede persistir una situación así? Por el exceso de liquidez, que también sustentó la burbuja del NASDAQ en el año 2000 (Greenspan mantuvo las tasas de interés bajas para evitar problemas por el Y2K).
Todos sabemos que cuando se les amplíe el límite de inversión en el extranjero a las AFP (actualmente en 30%), nuestra burbuja doméstica va a desinflarse. Y a pesar de esta amenaza, los precios han continuado subiendo. Esto se parece al juego de la silla musical, en el que todos bailan alegremente, aún a sabiendas de que alguien quedará fuera cuando la música pare.
El mercado de Brasil, por ejemplo, tiene valorizaciones accionarias significativamente menores que las chilenas, y sus indicadores de eficiencia empresarial y de retorno sobre activos son muy superiores a los de nuestras compañías. No obstante, los chilenos que pueden diversificar libremente, siguen apostando por las acciones domésticas.
Y esto sucede porque la mayoría de los chilenos, a través de las AFP, están siendo obligados a invertir gran parte de su ahorro en Chile, sólo para que unos pocos inversionistas profiten de la ceguera de la autoridad económica. Porque está claro que, cuando pare la música, los primeros en sentarse van a ser estos últimos, y quienes se quedarán sin silla serán las AFP y, junto con ellas, los trabajadores chilenos.
Medido en dólares, nuestro IPSA ha aumentado 43.2% en los últimos seis meses, y sólo la bolsa de China la supera en crecimiento dentro de un conjunto de países considerados emergentes. Curiosamente, cuando uno compara el crecimiento económico de estos mismos países, el nuestro ocupa uno de los últimos lugares y, si de valorizaciones accionarias se trata, también encabezamos la lista de las más caras.
La gran diferencia entre el NASDAQ del año 2.000 y el IPSA de hoy, es que al primero lo infló la exuberancia irracional del mercado, mientras que al nuestro lo infla la autoridad, al no permitir que las AFP inviertan con mayor libertad.
Finalmente, no deja de ser una curiosa paradoja que un gobierno progresista obligue a los modestos ahorrantes a invertir sus recursos en el mercado doméstico, produciendo con esto una transferencia de riqueza monumental hacia los grupos más poderosos de Chile.
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economía y negocios
El mercurio
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18 febrero 2007
¿Exuberancia irracional en la Bolsa?
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